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“Mi hijo no quiere saber de Dios… pero yo sigo orando”

Foto del escritor: Por valentina Blanco
Por valentina Blanco
8 jun
2 min de lectura

(Basado en el testimonio de una seguidora)


Hace unos meses recibí un mensaje que se quedó conmigo.

Decía algo así:


“Valentina, mi hijo creció escuchando de Dios. Oramos juntos, le enseñé la Biblia, lo llevé a la iglesia… pero hoy ya no quiere saber nada de eso. Dice que necesita vivir su vida. Me siento triste, culpable y con miedo. ¿Dónde fallé?”


Leí ese mensaje varias veces.

Y pensé en cuántas madres cargan lágrimas que casi nadie ve.

Porque hay dolores que son silenciosos.

Y uno de ellos debe ser ver a un hijo caminar lejos del Señor.


El dolor de ver que no puedes creer por ellos


Hay algo difícil de aceptar como padres:

Podemos enseñar.

Podemos corregir.

Podemos modelar.

Pero no podemos regenerar un corazón.

Solo Dios puede hacerlo.

Eso no significa que el ejemplo no importe. Importa muchísimo. Pero la salvación nunca fue el resultado de una crianza perfecta.

Porque si así fuera, la esperanza estaría en los padres… y no en Cristo.


Cuando la culpa empieza a hablar


Muchas madres comienzan a preguntarse:

“Tal vez debí hacer más.”

“Tal vez si hubiera sido mejor cristiana…”

“Tal vez si hubiera insistido más…”

Y aunque es sano examinarnos, hay una diferencia entre arrepentimiento y culpa falsa.

No todo hijo que se aleja es evidencia de una madre infiel.

La Biblia muestra que incluso hijos criados bajo verdad tomaron decisiones equivocadas.

Nuestro llamado es sembrar.

El crecimiento pertenece a Dios.


Orar cuando ya no sabes qué decir


La seguidora terminaba su mensaje diciendo:

“Ya no sé qué más hacer… solo oro.”

Y pensé:

Quizá ella no veía que eso no era lo último que le quedaba.

Era lo más poderoso que podía hacer.

Porque la oración no es resignación.

Es dependencia.

Seguir orando cuando no ves cambios es decir:

“Señor, yo llegué hasta donde podía. Ahora haz lo que solo Tú puedes hacer.”


El evangelio también alcanza hijos lejanos


A veces olvidamos algo:

Nadie llega a Cristo porque tuvo padres perfectos.

Llegamos porque Dios tiene misericordia.

Eso significa que mientras haya vida… hay motivo para seguir clamando.

No sabemos cuándo Dios puede abrir ojos.

No sabemos cuándo una semilla sembrada años atrás florecerá.

Lo que hoy parece indiferencia… mañana puede convertirse en rendición.


No conviertas a tu hijo en tu salvador


Este punto duele, pero es necesario.

Hay madres que aman tanto a sus hijos que terminan poniendo toda su identidad en ellos.

Y cuando el hijo se aleja, sienten que toda su vida perdió sentido.

Pero ningún hijo fue diseñado para ocupar el lugar que solo Cristo merece.

Tu hijo necesita a Dios.

Pero tú también.

Tu esperanza no descansa en el resultado visible.

Descansa en el carácter fiel del Señor.


“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” — Gálatas 6:9

Quizá hoy estás llorando por un hijo que ya no ora.

Que ya no escucha.

Que ya no quiere saber de Dios.

Y aunque duele profundamente, recuerda esto:

Tu tarea nunca fue salvarlo.

Tu tarea fue señalarle el camino.

Sigue amando.

Sigue hablando verdad.

Sigue orando.

Porque hay puertas que una madre no puede abrir…

Pero Dios sí.

 
 
 

3 comentarios

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Invitado
15 jun
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Excelente reflexión! Identificada, pero sin dejar de orar por mis hijos, especialmente por mi hijo mayor. El menor, gracias al Señor sigue adelante con el Señor y ahora junto a su esposa e hijos.

Editado
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Isela
13 jun
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Gracias por escribir sobre esto. Muy importante. Dios la bendiga

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Adela
12 jun
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Me sentí identificada. Gracias. Dios les bendiga mujeres bíblicas

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